Archivo | enero, 2013

Las chucherías no tienen por qué tener sentido, por eso son chucherías

29 Ene

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Como dijo Charlie Bucket en su visita a la fábrica de Willy Wonka, “las chucherías no tienen por qué tener sentido, por eso son chucherías”…y precisamente por eso, por no buscarle sentido a las cosas y regresar un poco a la infancia, las piruletas de chocolate son en alguna que otra ocasión, esa llave que nos permite volver unos cuantos años atrás.

Seguramente, los Oompa Loompa serían mucho más perfeccionistas que yo haciendo sus dulces, pero no me parece que sea tan difícil poder hacer tus propias chucherías. Para ello necesitamos:

  • 250 gr. de chocolate negro para fundir.
  • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra.
  • Virutas de colores.

Casi seguro que en la fábrica de Mr. Wonka derretirían toneladas y toneladas de chocolate en donde podríamos hasta nadar, en nuestro caso, con derretir al baño maría el chocolate será suficiente, cuando esté derretido añadimos el aceite y removemos bien.

Forramos una bandeja con papel de horno y hacemos circulitos de virutas de chocolate.

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Después, ponemos una cucharada de chocolate encima y ponemos un palito de esos de hacer las brochetas entre medias, luego cubrimos por completo de virutas de colores y  apretamos un poquito con una cuchara.

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Lo metemos una hora en el congelador y ¡listo!

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Y como dijo Willy Wonka… “¿Ustedes sabían que el chocolate tiene la propiedad de liberar endorfinas que te hacen sentir como enamorado?”.

Hasta la próxima 🙂

Un clásico, Cinema Paradiso

27 Ene

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Uno de los grandes placeres de la vida, no es tanto el comer o ver una película, sino el saber apreciar un buen largometraje mientras picas algo con tus amigos. Y eso es algo que seguramente Alfredo y Totó hayan hecho un millón de veces en Cinema Paradiso. Casi seguro que sería la mujer de Alfredo quien les llevaría un tentempié, algo de la riquísima cocina italiana, y en más de una ocasión, Totó le suplicaría que cocinase una de sus deliciosas pizzas caseras.

¿Qué necesitamos para hacer la masa?

  • 400 gr de harina (de fuerza).
  • 1 y 1/2 cucharadita de levadura seca.
  • 250 ml de agua.
  • 1 cucharada sopera de aceite de oliva virgen extra (opcional).
  • Una pizca de sal.

Para hacer la masa, mezclamos 120 ml de agua templada con la levadura seca, removemos hasta que la levadura se disuelva por completo y dejamos reposar 10 minutos. [Seguramente la mujer de Alfredo no tenía levadura seca y lo haría con otra cosa, pero ya que ya hemos pasado los duros años de la postguerra, vamos a aprovecharnos de lo que tenemos]. Pasados estos 10 minutos incorporamos la harina (yo siempre la tamizo para que quede más finita, pero vamos, que esto es manía mía), aunque no toda, dejad unos 50 gr para trabajar luego la masa. Añadimos también la sal, la cucharada de aceite de oliva y el resto del agua (también templada). Lo removéis con unas varillas (o con una cuchara de madera, vamos, cada uno lo que tenga  a mano), y cuando se forme un masa más o menos homogénea y manejable, lo echáis en la mesa y empezáis a amasar, más o menos unos 10 minutos. Antes de verter la masa en la mesa, echad un poquito de harina sobre la superficie de trabajo para que no se os pegue. Seguramente que necesitaréis un poquito más de harina para trabajar mejor la masa, así que los 50 gramos de harina que habíamos reservado antes, es el momento de usarlos. Debería de quedar una pelota con este aspecto…

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Dejaremos reposar la masa alrededor de una hora, en un bol de cristal y tapada con un trapo.

Durante esta hora nos da tiempo a preparar “el relleno” de la pizza. Aquel día a Totó se le había antojado una pizza con champiñones y salchichas italianas… ¿Qué necesitamos?

  • 4 ó 5 cucharadas de tomate triturado.
  • 1 diente de ajo.
  • Un chorrito de vino blanco.
  • 150 gr de champiñones frescos.
  • 250 gr de salchichas italianas (o en su defecto salchichas blancas de carnicería)
  • 2 cebollitas pequeñas.
  • Aceite de oliva virgen extra.
  • Sal, pimienta blanca y azúcar.
  • 1 tomate mediano.
  • Mozzarella.
  • Orégano.

Ya que estamos haciendo una pizza casera, vamos a hacerlo bien. En un cazo echamos un chorrito de aceite de oliva virgen extra y el diente de ajo picado muy pequeñito. Cuando empiece a dorarse, echamos el tomate triturado (cuidado que salta) una pizca de sal y una pizca de azúcar (el tomate es ácido, de ahí lo del azúcar), un chorrito de vino blanco…dejamos reducir y reservamos.

En una sartén echamos otro chorrito de aceite de oliva, las cebollas picadas muy pequeñitas (yo las pico muy pequeñas porque no me gusta encontrarme cachos grandes luego en la pizza, no por otra cosa, porque la podemos hacer en tiras o en dados grandes) y cuando estén ponchadas, añadimos los champiñones que habremos laminado previamente. Saltemos un poco y añadimos las salchichas cortadas en rodajas de un centímetro aproximado de grosor. Lo dejamos que se haga unos 10 minutos y salpimentamos.

Como ya habrá pasado la hora de reposo de la masa, la volvemos a poner en la mesa para amasarla otro poco…la vamos amansando y estirando al mismo tiempo (esto es algo más desesperante porque mientras tú estiras, ella se encoge, pero creedme que acabáis ganando la batalla). La ponéis en la bandeja que tengáis (lo ideal sería una de pizza) y con un tenedor pincháis toda la superficie para que luego el calor del horno haga bien la masa (en la foto no veis los agujeritos porque a mí se me olvidaron).

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Ya está lista para poner los ingredientes… Echamos el tomate, lo repartimos bien, y encima el sofrito de champiñones y salchichas. Cortamos los tomates en rodajas y los ponemos encima. A continuación, echamos la mozzarella (lo idea sería mozzarella fresca, pero sino…la de “especial para pizzas” vale igual) y el orégano a gusto de cada uno.

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Ahora ya está lista para meterla en el horno que habremos precalentado a 250ºC con calor arriba y abajo, a media altura durante…ni idea, más o menos unos 15-20 minutos, pero vamos, hasta que la masa se dore y el queso burbujee.

¡Y listo!

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Buen provecho y nos vemos con la siguiente película 😉

Oh la la, París París!!

24 Ene

Inauguro este cookBlog con una receta que no es ni tan complicada como dicen ni tan imposible de hacer…los archiconocidos macarons franceses, y es que algo tendrán cuando la María Antonieta de Sofía Coppola tenía ese afán por ellos.

Los macarons son una especie de mazapán relleno. Los hay de un montón de sabores y colores, los sabores dependen del relleno que utilicemos, y los colores…pues del colorante que tengamos a mano, aunque también se pueden hacer sin colorantes. Para hacerlos necesitaremos:

  • 125 gr de almendra molida.
  • 125 gr de azúcar glasse.
  • 80 gr de clara de huevo.
  • Una pizca de colorante (opcional)
  • 2 ó 3 cucharadas soperas de azúcar.

¿Cómo los hacemos? Lo primero, no pienses que son imposibles, ni que se van a estropear porque sino, no salen. En un bol tamizamos la almendra y el azúcar glasse y lo mezclamos todo; es importante que la almendra este muy bien tamizada. Cuando esté bien mezclado, le vamos a poner los 40 gr. de clara de huevo que habremos batido antes, mezclamos hasta que se forme una pasta homogénea. Seguramente habréis leído que las claras tienen que estar envejecidas para reducir la humedad, yo la verdad que lo hice con claras de huevo normales, bien jovencitas, no les di tiempo a cumplir años para que envejeciesen, y el resultado como veis, no ha sido tan malo. Bueno, después de tener esta pasta formada tenemos dos opciones, echarle la pizca de colorante y mezclarlo bien o dejarlo así si preferís no utilizar colorantes. Si cogéis la opción de utilizar el colorante, no os asustéis si quedan de color muy fuerte porque luego se van a aclarar.

En otro bol, batimos los otros 40 gr. de clara de huevo que nos sobraban a punto de nieve y le echamos el azúcar para hacer un rico merengue. A la hora de juntar la masa de antes y el merengue, para que no se nos bajen las claras, vamos a incorporarlas a la masa con movimientos envolventes. Dicen los grandes chefs franceses que debemos de incorporar las claras en exactamente 50 movimientos…¿qué queréis que os diga? Yo dejé de contar a las diez vueltas 🙂

Bueno pues ya tenemos la pasta terminada. La ponemos en una manga pastelera y vamos al lío.

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En una bandeja de horno forrada con papel “de horno” (obviamente) vamos a ir haciendo circulitos de aproximadamente el tamaño de un tapón de botella, ponemos la manga pastelera, apretamos y no hacemos movimientos, dejamos que el círculo se forme solo, y levantamos la manga pastelera verticalmente (nada de diagonal que sino se nos puede deformar el circulín), pues así hasta llenar la bandeja.

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Como veis yo utilice una base de silicona para horno y me fue bien (mi base tiene la marca del tamaño idóneo de los macarons, que ayuda bastante). [TRUCO: para quitar las posibles burbujas que puedan quedar, cogemos la bandeja y a unos 30cm de la mesa, la dejamos caer dos o tres veces, pero poned un trapo debajo pa’ no despertar al perro del susto]. Ahora los dejamos reposar una media hora para que se forme una película muy finita por encima. 

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Precalentamos el horno a 170ºC y metemos la bandeja con calor arriba y abajo a media altura durante 13-15 minutos con la puerta un poquito abierta, así evitamos que se genere humedad dentro (gran enemigo de los macarons). Cuando estén listos los sacamos y los dejamos enfriar y si a la hora de despegarlos del papel no se despegan bien, pues otra vez al horno un par de minutos (pero con 15 minutos debería ser de sobra).

Como ya los tenemos fríos es hora de hacer los sandwich, yo los rellené de mermelada de mora, pero lo podemos rellenar de nata, de crema pastelera, de merengue, de crema de chocolate, incluso de queso mascarpone con nata…de lo que queráis!! Y listo!!

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Bon Appetit que dirían los franceses 🙂

Hasta la próxima y suerte con los macarons.